lunes, 8 de febrero de 2010

Carta a ti

Málaga, Febrero 2010

Tú que lees,

Tomo la encomienda de escribirte a ti que no existes ni en planteamiento, para que leas estas líneas dentro de veinticinco años cuando puede, no lo pretendo, que yo ya no viva. Debes ser quién ha traído al mundo alguien que yo traje a éste. Discúlpame, pero no puedo ponerte nombre ni cara. Cuento con los años que restan para que esta carta llegue a tus manos y me es difícil imaginar cada arbitraria circunstancia desencadenante de tu creación.

Son muchas las cosas que a día de hoy llenan mi existencia y qué hacer diario, excesiva la necesidad del medre personal y profesional, demasiada consciencia del poco tiempo que tenemos aquí y sobrantes cosas que disfrutar en este mundo. Cuadrar en este esquema la creación y cuidado de una nueva vida, entiende, es más que difícil.

Pertenezco a la generación que disfrutó la calidad de vida de sus padres e ignoró las penurias de sus abuelos. Quizás pusieron demasiado alto el listón de la familia para después destrozarlo a pedradas. Presenciamos como los valores cambian, como lo que permanece se esfuma y a veces, el mero hecho de sobrevivir con la estima ilesa y tal que banderas ondeantes al viento con mástiles de alfileres nos parece una ardua tarea. La familia son, somos, esas personas qué no sólo te traen a esta vida sino que te acompañan, la mayor parte de ella; que instruyen y moldean tu ser aunque lo niegues y que por el hecho de serlo, y aunque lo dudes, te quieren. Te informo de que más allá de los pedestales y altares donde nos sitúes no somos más que personas. Toma nota de esto que te digo porque erraremos, y saberlo será la única forma de poder perdonarnos.

Más que advertirte y aconsejarte de las situaciones indeseables que tendrás que vivir, de cual es el imperativo Kantiano, el bien y el mal, de cada etapa de tu vida; prefiero aprovechar estas líneas para decirte que el tiempo apremia, que nunca hay suficientes motivos para permitir que las brumas eclipsen la luz de tu alegría y que merece la pena estar aquí. Cuando te preguntes el porqué de todo esto, de tu vida, de la de todos, dale a la ciencia la respuesta de lo material y que la de tu alma simplemente sea el amor.

Te quiere, seguro
Tu abuela

1 comentarios:

  1. Querida proto-abuela:

    Ahora que aun estás pero que casi no eres por culpa de una enfermedad de nombre alemán, me complace encontrar tu misiva y tener la oportunidad de responderte gracias a las maravillas de la ciencia y las paradojas temporales.

    No puedo sino maravillarme de tu claridad de ideas en forma de cariñosos consejos y entristecerme al contemplar la sombra de quién eras.

    Pero no quiero entristecerme, quiero sonreirte por tener esta oportunidad de decirte lo mucho que te quiero.

    Tu sobrino nonato.

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