jueves, 11 de junio de 2009

Herraduras rotas

Lamento que su bebé haya nacido sin cabeza, jamás debí ponerme a hacer sombreros. Podría haberme imaginado las consecuencias de un nuevo oficio cuando tuve que cerrar el circo. A nadie le hacen gracia los enanos de un metro ochenta

1 comentarios:

  1. muy buenos tus relatos; éste en concreto me ha gustado. un saludo, y sigue con tus texteces.

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